Al medio día el sol entra por la ventana, ilumina mi habitación y se posa solo en la mitad de la cama, fue en ese momento, con el sol calentando mis piernas cuando me he quedado profundamente dormida por dos horas este fin de semana. Y tuve un sueño.
Al no escribirlo inmediatamente he olvidado los detalles del inicio. Recuerdo que estaba en una casa que desconozco e iba subiendo niveles. Al llegar al último entraba a una habitación en penumbra donde estaba alguien (que creía reconocer) dormido en una cama, al acercarme él desapareció y en su lugar se manifestaba una aparición femenina espectral de color entre rojizo y naranja, no sé si era una bruja, un genio o un espíritu; no infundía miedo y sin pedirme nada a cambio me ofrecía otra realidad. Sin haberle echo ninguna petición materializaba ante mi una realidad que cumplía uno de mis deseos más egoístas; de aquellos de los que nunca se comentan con nadie y sin embargo ahí están secretos e imborrables…
Desperté antes de aceptar o rechazar la oferta y aunque tenía aún trabajo, no lo acabe y pase el resto de la tarde viendo la tele y pensando en el sueño. Los libros y las películas nos han enseñado que los deseos siempre conllevan un precio… aún sigo pensando en eso.
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