miércoles, enero 18, 2006

No más amores

Ayer en la noche leí otro cuento de "Cuando fuí mortal", el último. Se llama No más amores. La historia me pareció extremadamente acertada y hasta conveniente, para la realidad en curso. Fue sobre fantasmas, empieza diciendo que disfrutan contrariarnos a nosotros los mortales, apareciendo cuando no son bien recibidos y escondiendose cuando se les llama. Parece lógico.
Molly era una muchacha joven, trabajaba para una anciana leyendole novelas por las tardes. Una de esas tardes, mientras leía, vió que atrás del sillón de la señora, apareció un muchacho (de aspecto rústico) que le hacia señas de que no lo delatara y continuara la lectura. Ella se sobresaltó, pero siguió leyendo. Así pasaron los días, Molly leía para la anciana y para el fantasma... hasta qué la primera murío. El fantasma del muchacho desapareció por un tiempo, pero Molly continuó en la casa y siguío leyendo en voz alta para que él volviera, y lo consiguió. Ella leía no sólo novelas sino también tratados de ciencia y cualquier cosa que creyera que a él le interesaría. Por las tardes... año trás año, trás año... trás año.
Hasta que ella misma envejeció y el muchacho dejó de aparecerse en las lecturas... Ella estaba desolada, buscó cosas novedosas para leer y volver a interesarlo, pero él no regresó. Y un día encontró marcada una página en un libro de Dickens, decía : "Y ella envejeció y se llenó de arrugas, y su voz cascada ya no le resultaba grata"... Molly anciana se indignó y con justa razón, ella le había dado su juventud, su voz hermosa, había compartido con él sus libros, instruyéndolo y distrayéndolo por tantísimos años, si bien nada le ataba a ella y nada le debía puesto que nunca él le había pedido nada. Y así se lo grito al vacio, que si conocía lo que era el agradecimiento, apareciera una vez a la semana y le tuviera paciencia con su voz, aunque ya no le agradará; por que ahora que ella era vieja, ella era la que necesitaba de su compañía...
Y así pues, el joven rústico eterno (que si conocía el agradecimiento, aparentemente) aparecía para escucharla sólo los miércoles por la tarde. Y Molly Morgan esperaba impaciente el día en que su impalpable amor silencioso volvía a "aparecer"... esperaba impaciente los miércoles, hasta el día que murió.
Hoy es miércoles. Y me he quedado pensando... cuantas chingadas tardes o no, tardes no... más bien noches, ¿Cuántas chingadas noches yo he pasado leyendo y hasta escribiendo o esperado impaciente no a uno (no, uno no), sino a mil fantasmas? Me pregunto yo. Me enfermo.
No más amores, se llamaba el cuento.

No hay comentarios.: