- No sé -ha dicho- si nuestro común amigo le ha dado una idea de mi nueva terapéutica. El origen es sencillísimo. Durante mis estudios me sentí impresionado por dos hechos: que nadie es capaz, ni el demasiado alabado Freud, de curar los disturbios mentales y, por otra parte, que la medicina general es bastante menos eficaz, como cura resolutiva, que la cirugía. Mi descubrimiento consiste en haber introducido la cirugía en el tratamiento de las enfermedades del espíritu. Yo soy, si quiere una definición, el primer cirujano del alma.
"No ignoro que algunos cirujanos han intentado intervenir en la cura de enfermedades propiamente nerviosas y que se ha tratado de curar la epilepsia interviniendo en el riñón, y la demencia precoz, con injertos endocrinos. Pero nos hallamos ante operaciones puramente físicas contra males psíquicos. Yo, en cambio, opero directamente sobre el espíritu con operaciones espirituales. Son partes de nuestra alma que se pudren, que se gangrenan, que crecen demasiado en perjuicio de otras. Hay cánceres morales, tumores intelectuales, apendicitis de vicio y del pecado. Yo puedo, a voluntad, obtener la amputación radical del órgano o zona del alma que perjudica. Yo he extirpado, a algunos de mis clientes, a éste la holgazanería, a aquél la sensualidad, a otro el espíritu matemático, la avaricia, la infidelidad. Si el terror de la muerte le turba, si le oprime la indigestión de la excesiva cultura ingerida, si la ambición política o deportiva no le deja en paz, diríjase a mí. Mis operaciones son rápidas y sin dolor. No le obligo a hacer confesiones, como hace el mago de Viena, no recurro al hipnotismo como en Nancy, no le hago contar sus sueños como en Zurich. Ni mucho menos, corto y abro su carne."
"Sométase a mi cura y le libertaré de lo que le molesta. Y tenga usted en cuenta que no opero solamente las malas cualidades, es decir, lo que los moralistas llaman culpa o los alienistas locura. Si le molesta, por ejemplo, un inmoderado amor al prójimo o una manía religiosa y filosófica que pongan en peligro su bienestar, estoy dispuesto a intervenir en las mismas condiciones. Son virtudes mucho más dolorosas, a veces, que los pecados."
"Piense en la transformación que sufrirá nuestra especie cuando mi cirugía moral se haya difundado por todas partes. Todos podrán poseer, finalmente, el alma que más les guste. La extirpación metódica de los remordimientos y de los temores dará al hombre aquella paz que hasta ahora ha buscado en vano en el estoicismo o en la fe. Añada que las enfermedades del cuerpo se derivan del espíritu; por tanto, cuando se haya curado éste, disfrutará igualmente de una perfecta salud física. Pruebe. ¿Le molestan la avidez de dinero, la superstición, la envidia, los celos? La extirpación es sencillísima. Le advierto que no se consigue con una sola vez. Para cada una de las molestias que le he citado son necesarios al menos tres meses. Tiempo mínimo si piensa en las interminables curas de los psiquiatras. Debo, sin embargo, advertirle lealmente que si puedo quitar alguna cosa a su alma, no puedo añadirle nada. Soy taumaturgo, pero no un Dios."
El coste de cada operación varía según las dificultades. Mis precios oscilan entre quinientas y tres mil libras esterlinas, a pagar la mitad al comienzo de la cura.
- ¿ Y podría usted amputar toda el alma si el alma entera es infecta?
- Nunca he hecho esa operación, hasta ahora, pero se podría intentar...
[PAPINI]

